martes, 18 de junio de 2013

Tejeando por Valdelateja

 
Las vidas de tres zarzos, la vida de un perro.
Las vidas de tres perros, la vida de un caballo.
Las vidas de tres caballos, la vida de un hombre.
Las vidas de tres hombres, la vida de un águila.
Las vidas de tres águilas, la vida de un tejo.
La vida de un tejo, la longitud de una era.
Siete eras desde la creación hasta el día del juicio.
 
        Así describe un dicho popular inglés la longevidad del tejo y, de hecho, sabemos que es incluso mayor, pudiendo alcanzar estos árboles el milenio y medio.

Tejo nevado en el jardín; de fondo, el Perentón

            Muchas leyendas circulan en torno a este hermoso árbol, gran parte de ellas ciertas. Y es que se trata de una especie que antaño fue muy abundante y, desgraciadamente, hoy en día queda relegada a pequeños bosquetes en zonas poco accesibles y a individuos solitarios; es, a su vez, una especie muy venenosa, presentándose libre de toxinas únicamente la parte carnosa de la baya, denominada arilo.

            Las toxinas son principalmente terpenos denominados taxanos, que han sido ampliamente usados como antineoplásicos en tratamientos de quimioterapia.

            En la cornisa cantábrica abundaba el tejo Taxus baccata, la especie europea; éste era usado para diversos fines por sus habitantes, que lo han seguido reverenciando hasta escasas décadas.  Su madera era usada por los cántabros para fabricar arcos de gran calidad –y otros pueblos, como los británicos para sus famosos arcos Yew Longbows-; sus semillas, para suicidarse antes de ser apresados por los romanos; y aún se usan sus ramas en Asturias para entregar a las mozas en la noche de San Juan –en San Felices hasta hace poco se enramaba; quizás anteriormente, cuando abundaba, también con tejo-.



            Si uno está atento, podrá identificar fácilmente algunos individuos de tejo por el valle del Rudrón. Cerca de Valdelateja crecen dos hermosos ejemplares junto al canal del Ebro. Y, hablando de… ¿Vendrá el nombre de Valdelateja de “valle de los tejos”?.

Tejo del canal de cerca de Valdelateja

lunes, 13 de mayo de 2013

Temor y fascinación


Puede que, si frecuentáis mucho el monte, hayáis tenido la oportunidad de sentir esa extraña mezcolanza de temor y fascinación cuando te topas con una víbora. Por desgracia, hoy en día el sentimiento que predomina en la mayoría de la gente es el primero, y puede llegar a ser tan fuerte que se acabe atacando y matando al animal; lo que es más, el desconocimiento puede llevar a agredir incluso a otro tipo de culebras que, aunque se asemejen a las víboras, son totalmente inocuas. Aunque a veces también pasa lo contrario: que una serpiente esté en el río no descarta que pueda ser una víbora.

Víbora hocicuda. Foto de Daniel Gómez, Víboras de la Península Ibérica

Por todo ello, lo mejor que podemos hacer, tanto si amamos como si tememos a estos seres, es conocerlos mejor. Aquí van unas pocas generalidades que nos pueden ayudar.

En la Península Ibérica encontramos sólo tres especies de serpientes peligrosas para el hombre: las tres víboras. Existen otras serpientes, como la culebra bastarda -que no se encuentra por nuestra zona-, que tienen veneno, pero es muy difícil que nos lo inoculen, ya que sus colmillos venenosos se encuentran en la parte trasera del paladar (opistoglifas). En el valle del Rudrón y alrededores tenemos el privilegio de ser el único lugar de España que alberga simultáneamente a las tres especies de víboras.
  • Víbora áspid (Vipera aspis): esta especie está restringida a la zona nororiental de la Península. Es la más grande, si bien las víboras no suelen superar los 70cm. Se puede diferenciar por una banda oscura tras los ojos, aunque las víboras pueden ser muy polimorfas; el color varía entre gris y pardo. Una de las subespecies posee el veneno más potente de todas las víboras españolas, si bien la cantidad que inocula en cada mordisco suele ser inferior al de la hocicuda.

    Cría de Áspid en San Felices

  • Víbora de Seoane (Vipera seoanei): se trata de un endemismo ibérico, distribuyéndose por el noroeste peninsular. Se trata de la víbora más pequeña y se diferencia fácilmente de las otras dos porque carece de la protuberancia al final del hocico. La subespecie cantabrica posee el veneno más potente, similar al de la áspid.


    Vipera seoanei seoanei atropellada, Sedano

    Víbora de Seoane. Foto de Daniel Gómez, Víboras de la Península Ibérica

  • Víbora hocicuda (Vipera latastei): se distribuye por prácticamente toda la Península a excepción de la franja norte. A pesar de tener un área de distribución mayor a las anteriores, se encuentra amenazada (categoría IUCN Vulnerable) debido a la pérdida de hábitat y a su matanza injustificada. Se la diferencia del resto por la marcada protuberancia en el hocico.
Víbora hocicuda. Foto de Edgar Wefer, Víboras de la Península Ibérica


En general, reconocer a una víbora es mucho más sencillo que a las distintas especies: normalmente presentan un dibujo en zig zag en el dorso; la separación entre el cuerpo y la cabeza es muy marcado, siendo la cabeza triangular e hinchada; por último, sus pupilas, a diferencia de las culebras, son verticales y no redondeadas. Este último hecho es el más relevante, ya que existen especies de culebras, como la culebra viperina, que imitan no sólo la forma, sino incluso el comportamiento de las víboras, sin tener nada de veneno.

Culebra viperina, río Rudrón


Aunque es difícil que una mordedura de víbora se complique en personas sanas, es recomendable acudir al hospital cuanto antes por si fuera necesaria la aplicación del antídoto.

Finalmente me gustaría instar a los amantes de la naturaleza a olvidar los antiguos odios y creencias populares y aprender -eso sí, siempre con cautela- a apreciar a estos animales tan fascinantes como indispensables para el correcto funcionamiento del ecosistema, así como un tesoro de nuestra fauna ibérica.

Para más información consultar: http://www.viborasdelapeninsulaiberica.com/
Siento tener tan pocas fotos propias, ¡pero fotografiar víboras es un deporte de riesgo!

miércoles, 27 de febrero de 2013

Cubierto de un blanco manto


San Felices desde El Muro

Silenciosa cae la nieve, pero el campo no está dormido. Habrá que fijarse mucho para ver que los árboles ya se están desperezando del largo sueño invernal, pero los pájaros ya se dieron cuenta, y reciben con alborozo los primeros brotes.


Camachuelo común en Covanera

El Perentón nevado

El Pozo Azul, Covanera. La nieve se arremolina en el valle cerrado

miércoles, 13 de febrero de 2013

Anfibios: los vertebrados más amenazados


A la vista de que varias personas han accedido a este blog buscando información sobre anfibios -y como se puede observar, hasta la fecha es prácticamente nula-, me gustaría dedicarles una entrada y hacer también incapié en el alarmante estado de conservación de las poblaciones de estos vertebrados.

¿Alguien sabe qué especie es?

Existen alrededor de 36 especies de anfibios en España, repartidos entre los órdenes Caudata o Urodelos (salamandras y tritones) y Anura (ranas y sapos). En el parque natural Hoces del Alto Ebro y Rudron encontramos 12 especies, cuatro de Urodelos y ocho de Anuros. Todas ellas dependen de zonas húmedas adecuadas para la reproducción. Las pequeñas áreas de distribución de los anfibios dentro del ecosistema hacen que la conservación de las fuentes, zonas húmedas y el control de la calidad del agua de los ríos sea un punto de atención crítico del Parque Natural. La presencia de especies endémicas como el sapo pintojo convierten estos ambientes en uno de los puntos calientes del Parque.

Salamandra en un pilón del monte



Todas las especies son sedentarias, aunque presentan fluctuaciones en su actividad debido a que hibernan y en los meses más calurosos se esconden, sin llegar a la estivación. Tres son generalistas: el sapo partero, el sapo común y la salamandra; dos especialistas de zonas húmedas: tritón alpino y palmeado; y el resto son intermedias. Casi todas pertenecen a especies típicas de la región Eurosiberiana, con pocas especies Mediterráneas.

Todos los adultos de anfibios son insectívoros, pero sus larvas son carnívoras en urodelos y herbívoras en anuros.
  • Alytes obstreticans, sapo partero común: orden anuros, familia Discoglossidae. Se alimenta de pequeños invertebrados, numerosos en las inmediaciones del río: arañas, lombrices, escarabajos, mosquitos... Se refugian en grietas húmedas. Difíciles de ver por la zona, pero es fácil oírlos en primavera.

  • Bufo bufo, sapo común: anuro ampliamente distribuido por todo Europa debido a sus escasos requerimientos ecológicos. Principalmente de actividad nocturna, cada año es más raro verlo merodeando en las cercanías del río o en las fuentes del mismo pueblo, por donde busca insectos e invertebrados para alimentarse.


    Sapo común bajo la fuente de mi casa: buen asunto para la huerta

  • Bufo calamita, sapo corredor: un anuro bastante frecuente y bien distribuido.

  • Pelodytes punctatus, sapillo moteado: situado en áreas localizadas y muy escaso.
  • Discoglossus galganoi, sapillo pintojo ibérico: anuro de la familia Alytidae, endemismo ibérico, de distribución occidental. De menor tamaño que el sapo común, presenta la piel lisa y con coloración variable. Más difícil de ver, habita zonas húmedas con gran sustrato herbáceo, cerca de ríos o arroyos.

  • Rana perezi / Pelophylax perezi, rana común: anuro de la familia Ranidae de tamaño medio con coloración verde intensa y marrón, con manchas negras. Endémica de la Península y del Sur de Francia. Amplia distribución y escasos factores limitantes: habita todo tipo de masas de agua y zonas húmedas. Se alimenta principalmente de insectos y otros invertebrados, aunque también puede depredar peces y otros anfibios.

    Rana verde en la orilla del río

  • Rana temporaria, rana bermeja: anuro de la familia Ranidae. Más desligada al agua que la rana común, se diferencia en su color más pardo y en la mancha negra o marrón oscura que presenta bajo el ojo. De tamaño similar.
  • Hyla arborea, ranita de San Antonio: anuro de la familia Hylydae, de tamaño mucho más pequeño que las anteriores. Color verde intenso y líneas negras en los costados. Habita en zonas muy húmedas en los bordes del río entre los juncales y demás vegetación. Actividad crepuscular y nocturna. Se alimenta de pequeños insectos.
  • Salamandra salamandra, salamandra común: anfibio urodelo de la familia Salamandridae. Habita en fuentes y charcas limpias en zonas de montaña que no se secan durante el estiaje y los adultos en troncos húmedos. Coloración aposemática característica negra y amarilla. Difícil de encontrar debido a la desaparición de su hábitat tras la desecación de fuentes y pilones.

    Larva de Salamandra en un pilón del monte de Valdelateja

    Salamandra adulta

  • Triturus sp., tritones: el parque natural cuenta con las especies T. marmoratus, T. helveticus y T. alpestris, ésta última escasísima. Sin embargo, resultan extremadamente difíciles de encontrar, pues las poblaciones son muy bajas y sus hábitats recónditos. Forma de vida similar a la salamandra.
Larva de salamandra

Tritón jaspeado


Las especies más comunes son la rana verde, el sapo partero, el tritón palmeado y el sapo común, si bien los más fáciles de observar, por experiencia propia, son el sapo común y la salamandra. Conozco varias fuentes y pilones distribuidos por el monte donde es fácil encontrar larvas de salamandra y aún de tritón. 


Los datos de presencia y abundancia de anfibios están sacados de anexos del PORN -Plan de Ordenación de los Recusos Naturales- del Parque de Hoces del Alto Ebro y Rudrón.

Rana verde en la orilla del río


Actualmente los anfibios de todo el mundo están sufriendo una disminución drástica en sus poblaciones debido a causas variadas: destrucción de hábitats, contaminación y degradación, calentamiento global y desecación de pilones y charcas, aparición y propagación de nuevas enfermedades, introducción de especies exóticas... Por ello es que todos debemos poner de nuestra parte para evitar la desaparición de estos simpáticos y necesarios habitantes: cuidando y manteniendo nuestros pilones, haciendo un consumo responsable de agua, luchando contra la introducción de especies alóctonas -¡no comas ancas de rana! generalmente provienen de granjas de ranas toro americanas, que cuando se escapan arrasan con los ecosistemas españoles- y, dentro de lo posible, ¡no las atropelles! 




Rana común en una charca de Sargentes

miércoles, 30 de enero de 2013

Desde las entrañas de la tierra


Podría decirse que todo lo anteriormente dicho sobre el Rudrón no es más que la punta del iceberg, y, hasta cierto punto, no sería erróneo. Porque si hermosas son las formas que ha tallado en el valle, si cristalinas y frías son sus aguas en el cauce, más aún lo son en las entrañas de la tierra, por dónde discurre el verdadero caudal del río.

Entrada a una torca, en San Felices. Por Elisa R. Bañuelos

            Es la tierra del valle del Rudrón un enorme acuífero a varios niveles, posibilitado por la naturaleza de la roca madre, principalmente calizas fácilmente moldeables y filtrantes. Si uno se da un paseo por estos montes, no tardará en encontrar innumerables manantiales de agua clara y fría donde mitigar su sed; incluso en las cimas, tanto en invierno como en verano. No es difícil tampoco ver chopos a gran distancia del río: ellos nos indicarán la presencia de un acuífero colgado, ya que estos árboles necesitan que sus raíces estén sumergidas.

            El río, a lo largo de millones de años, ha excavado intrincadas galerías bajo el valle. Pero la belleza de estos túneles queda, normalmente, lejos de los ojos de los mortales. Solamente podemos acceder a una mínima parte de ella a través de las heridas que se abren en la roca, aperturas efímeras que pronto se colmatan u obstruyen.

           La más famosa de todas estas cuevas es el Pozo Azul, en Covanera. Se trata de una galería inundada que se abre al exterior en un pequeño lago, cuyas aguas son de un verde-azulado tan profundo que sería difícil cambiarle el nombre. Este color es debido a la dispersión de la luz por la caliza disuelta en el agua. 


El Pozo Azul, en Covanera

          Destino muy visitado por espeleólogos de todo el mundo, se ha convertido en varias ocasiones en trampa mortal debido a la estrechez de sus túneles, que alimentan la desorientación del buceador. Hasta el momento se han explorado unos 3.500m de longitud, siendo el segundo récord de Europa.

          Pero existen también multitud de cuevas ocultas para los turistas y ya casi olvidadas por los lugareños, aunque aún alimentan leyendas. Son las llamadas “torcas”: pequeños agujeros en la superficie del páramo que llevan a grandes cavernas llenas de espeleotemas. Famosas son en el valle las historias que cuentan que desde los pueblos se oían los gritos de los republicanos arrojados a la torca de Sedano durante la Guerra Civil.
Espeleotemas en una Torca en San Felices

         Alguna de estas torcas es accesible, si bien el que quiera contemplar más de tres salas tendrá que hacer de tripas corazón y arrastrarse por huecos estrechos en total oscuridad.



Columna de "La Torca" en San Felices

Sala de "La Torca"


martes, 18 de diciembre de 2012

Y allí se alza

El Perentón. Por Yolanda Bañuelos Varona


No sabría decir exactamente desde cuándo se alza allí el Perentón, pero está claro que tanto los Cromañones como los Neandertales que por aquí pasaron lo miraron, como poco, con veneración.

Al menos sabemos -o creemos intuir- cómo se formó este brillante monumento: antes del Mioceno, los ríos del noroeste español viertían principalmente al Atlántico por el norte, hasta que la cuenca se cerró formándose un sistema lacustre en lo que ahora es el páramo de Castilla. No sería hasta principios del Cuaternario cuando la cuenca se volvió a abrir y el sistema fluvial se reordenó. En esta pequeña parte del páramo, fue el río Rudrón el que excavó las calizas, horadando su camino en la roca y sólo dejando aquellas piedras más duras.

El nombre de Perentón es prerromano, y podría hacer referencia al pene debido a su forma; de hecho, es un nombre muy común para designar peñascos de esta apariencia -ni más ni menos, el pequeño risco que se alza a su izquierda es llamado Perentón Pequeño-. Su orientación es oeste y toda la falda y la parte de arriba de la montaña están cubiertas de pequeñas encinas, aliagas y, en los roquedos más escarpados y orientados al sur, té de roca.

El acceso a la gran cueva principal es complicado. En su flanco sur, la mole de piedra presenta grandes cicatrices que son el hogar de una enorme cantidad de buitres: las partes bajas se pueden escalar y resulta emocionante observar los buitres y sus nidos desde tan cerca.

Buitres en la cima del Perentón. Por Elisa R. Bañuelos



Existen tres maneras de abordar el Perentón: la primera es para acceder a las cuevas de la base rocosa, y se trata de escalar por el frente, desde el río -no recomendable, especialmente la bajada-. La segunda sería para subir a la cima: yendo por el río hasta la Cueva de los Moros, al lado de la cuál parte un sendero oculto entre las encinas y muy tupido -pasa por unos viejos colmenares-. La última sería subir al páramo por el camino de La Campera y atravesar todo el bosque de encinas, pero es muy largo y fácil perderse.

Sin embargo, las vistas desde arriba resultan maravillosas. Se puede acceder tanto a la zona de la bandera como a un muro de piedra -la parte más alta- de escasa anchura, que resulta un deleite para los más osados...
Vistas desde la cima hacia el Norte. Por Elisa R. Bañuelos

Muro de piedra en la cima; al fondo, carretera de Sargentes


domingo, 9 de diciembre de 2012

Verde esmeralda

El puente de abajo, sobre el Rudrón 

El río Rudrón es uno de los afluentes más caudalosos del margen derecho del Ebro, al cuál tributa cerca del pueblo de Valdelateja, a escasos kilómetros de San Felices. El Rudrón nace en el valle de Valdelucio en fuente Abar, discurre encajonado por el valle hasta que se sumerge en las profundidades del karst para luego emerger en preciosa fuente. 

Es el Rudrón un río siempre abundante, tanto en agua como en vida. La sequía estival apenas le roba unos centímetros: ya se encarga el buen Pozo Azul -en Covanera- de proveer agua fría y cristalina permanentemente.

A San Felices llega, por tanto, ya caudaloso y tranquilo, tan sólo interrumpido por los saltos de agua de molinos -antaño abundantes- y algún que otro pedrolo -los cuáles sí abundan aún-.  Sus aguas son siempre de un verde intenso, o azulado en algunos casos: esto es debido al efecto de dispersión de la luz de la caliza disuelta.

Si bien antes era un río muy limpio, del que se podía ver el fondo nítidamente incluso con dos metros de agua de por medio, en los últimos años se ha teñido de muchas algas. Esto responde a dos fenómenos: en primer lugar, el uso masivo de fertilizantes en el páramo, especialmente para el cultivo de patata, vierte un exceso de nutrientes en el río que se traducen en una acentuación de la producción primaria -microorganismos y algas-; en segundo lugar, la ausencia de los limpiadores profesionales se hace notar: el cangrejo autóctono o de patas blancas, Austropotamobius pallipes, antaño extremadamente abundante en este río -que se consideraba de los más cangrejeros de Burgos-, hace tiempo que se extinguió -o recogió a riachuelos cercanos, en los cuales sabemos que aún quedan algunos individuos-. La enfermedad de la afanomicosis, transmitida por los cangrejos americanos, arrasó prácticamente todas las poblaciones de Europa, llevando a este simpático y útil habitante del río al borde de la extinción. Actualmente el Rudrón es uno de los candidatos del programa de reintroducción del cangrejo autóctono, si bien será necesario limpiarlo de cangrejo señal antes.


El Rudrón conserva parcialmente su bosque de galería, aunque se pueden observar también varias especies introducidas, como el chopo italiano. Abundan los alisos, sauces, salcillos y mimbreras. En las zonas sombrías florecen los nenúfares. 


En cuanto a la fauna, posiblemente sea el mayor tesoro del parque. Surcan sus aguas 22 especies de odonatos -libélulas y caballitos del diablo-; en cuanto a aves, es fácil ver a la pareja de mirlos acuáticos que duerme en el chiringuito; garzas, aviones, familias de patos, cormoranes, el colorido martín pescador y el abejaruco. 

Libélula en San Felices



Rana verde en San Felices





Mirlo acuático en San Felices


Coexisten en este área 12 especies de anfibios tanto de clima mediterráneo como atlántico: rana verde, sapo partero, sapo común, sapillo pintojo ibérico -un endemismo muy amenazado-, rana bermeja, ranita de San Antonio, salamandra común, tritones : Triturus marmoratus, T. helveticus y T. alpestris.

Cría de salamandra de un pilón del valle


En cuanto a peces: trucha arcoíris -con un criadero en Covanera-, trucha de río -con uno de los mejores cotos del norte de Burgos, al que el mismo Miguel Delibes solía venir a menudo-, bermejuela, gobio, piscardo y barbo de Graells.


“La sorpresa de la jornada me la proporcionó la anochecida, la hora en la que todo es
posible en el Rudrón, cuando los buitres se recogen en las grietas más altas de las escarpas y
los últimos grillos inician en las brañas de la ribera su canción crepuscular. A tal hora, el
río se puebla de sombras y las orillas se cargan de misteriosos presagios. Para mayor
aliciente, el viento cesó, lo que me permitió medir y recortar mis varadas. Y, precisamente,
en una de ellas, rozando un peñasco que divide el río en dos, adiviné más que vi la sombra
furtiva de una trucha de gran tamaño en pos de la cuchara.” Mis amigas las truchas, MIGUEL DELIBES.

Entre la clase Reptilia encontramos también varios miembros nadando por estas aguas: culebras de río como la Natrix natrix y Natrix maura y algún galápago.

Los mamíferos son los personajes estrella, si bien será muy difícil avistarlos: nutrias, turones, visón americano, e incluso se han encontrado especímenes de visón europeo y desmán ibérico-que están gravemente amenazados-; rata de agua, musgaño